FIA-2006 rinde homenaje en su 15ª edición a una de las artistas más importantes de la plástica venezolana. Se trata de la pintora Luisa Richter, dos veces Premio Nacional de Artes Plásticas –1967 y 1982- y poseedora de una trayectoria artística ejemplar, que se explaya no sólo en su trabajo plástico personal sino en la formación de nuevas generaciones de creadores a través de la docencia pues por muchos años fue profesora de composición, dibujo y pintura en el excelente Instituto de Diseño Neumann, lamentablemente desaparecido. Luisa nació en Besigheim, Alemania, en 1928, pero hizo de Venezuela su hogar y su tierra de adopción desde 1955, cuando se residenció aquí con su esposo Joaquim Richter. En su juventud se formó en la Escuela Independiente de Arte de Stuttgart y en la Academia Nacional de Artes Plásticas de esa ciudad, donde fue pupila del famoso artista abstracto Willi Baumeister; viajó por Francia e Italia y estudió Filosofía e Historia del Arte en la Universidad Técnica de Stuttgart. En1958, comenzó a participar en los salones de arte de Venezuela y en 1959, realizó su primera exposición individual en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Ese mismo año participó también en la exposición colectiva Espacios Vivientes realizada en Maracaibo y Caracas y la cual se considera marca el inicio del informalismo en Venezuela. A lo largo de su riquísima trayectoria plástica, Luisa ha trabajado no sólo el óleo, sino el gouache, el collage –del que es una verdadera maestra- , el pastel, y ha mezclado técnicas, todo en función de su vigorosa expresividad. Singularmente, en sus composiciones abstractas predominan el blanco y los tonos claros, con apenas unos toques de color brillante aquí y allá, pero ello no es obstáculo para que en ellas “sucedan” todo tipo de cosas, ofreciéndole al veedor, la posibilidad de una seductora exploración. Richter es una retratista excelente. Usa el pincel como un bisturí que penetra hasta el hueso en la psicología del retratado, sin concesiones, pero tampoco sin prescindir de la ternura, de la empatía, e inclusive de la admiración. Paralelamente, Luisa se ha expresado en profundidad ha través de la abstracción, campo en el cual es más ella que en ningún otro. La pintora crea espacios en los que el tiempo, al transcurrir, deja su huella transformadora; ámbitos en los el espectador puede encontrar paisajes que tienen que ver más con la interioridad psíquica que con lo que nos rodea. La abstracción que hace Luisa, como la que hacen los artistas grandes, es una abstracción sugerente, llena de imágenes que nos hablan de los mundos que tenemos por dentro, desligada de los clichés visuales, de las alusiones publicitarias e iconográficas que saturan el mundo de hoy. Como señala Steffi Osterheld, “obra en suspenso, haciéndose y dehaciéndose en la contemplación del que la mira, acumulaciones de planos, redondeces, esferas, medias lunas, óvulos, trazos diagonales, cortinas, peldaños, destellos, cortes, serpentinas, relámpagos, manchas, aglomeraciones, materias, discontinuidades, visibilidades exigentes.” Son espacios de libertad para imaginar, para encontrar, para descubrir, para el placer y para la reflexión. Las composiciones de Luisa nacen de una creatividad espoleada por sus lecturas, por su espiritualidad siempre alerta ante los hechos que inquietan al mundo contemporáneo y a nuestra aldea particular. Luisa plasma ideas, pinta al mundo en esa constante dinámica que nos envuelve, sus abstracciones son ricas en significación: en ellas el espacio y el tiempo dejan sus señales, y le hablan al espectador de los complejos derroteros por los que discurre la mente de la autora. Y si los gestos, los trazos, los colores, y los contrastes no son suficientes para decir lo que siente, pues ahí están las palabras, irrumpiendo como elementos visuales y llenos de significado en la composición. Por demás, la artista se solaza igual en los grandes formatos como en sus pequeños grabados y dibujos, que parecen contener en sí mismos un universo completo. La creadora homenajeada por FIA-2006 ha sido galardonada en numerosas oportunidades, entre las que podemos mencionar, además de los referidos Premios Nacionales, el Premio de Arte Juvenil en Wurtemberg, Alemania, en 1952; el Premio José Loreto Arismendi en el XX Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, Museo de Bellas Artes de Caracas en 1959; el Premio de Dibujo, en el II Salón Nacional de Dibujo y Grabado, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, en 1960; el Premio Emil Friedman para Dibujo, en el XXIV Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, Museo de Bellas Artes, Caracas, en 1963; el Primer Premio de Grabado del III Salón Nacional de Dibujo y Grabado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, de Universidad Central de Venezuela, en 1966; y el Premio Imagen de Don Andrés Bello, en Bogotá, en 1993. Ha realizado numerosas muestras individuales y participado en colectivas en galerías, museos e instituciones culturales de Venezuela y Alemania y tambien ha expuesto en España, Colombia, Uruguay y Argentina.